martes, 28 de octubre de 2014

El Cuy, la Llama y el Caballo

 
   En un lugar de los andes, donde las montañas tocan el cielo, había un cuy llamado Chunchito que tenía un pelaje de color café con blanco y también había una Llama cuyo nombre era Chonita, que tenía lana de color crema y que en algunas ocasiones brindaba un poco de ella a las tejedoras de la realeza, para adornar al gran Inca de aquel vasto imperio.

   Tanto el cuy como la Llama eran muy amigos y vivían muy felices ya que se sentían las mascotas predilectas del gran Inca, señor del gran Imperio. El Inca les tenía mucho cariño porque fue un regalo de su madre que se lo dio en vida.

   Cuando el Inca viajaba con su corte real, este los llevaba consigo a cada pueblo que visitaba, y siempre se distraía en sus ratos libres jugando con Chunchito y Chonita a las carreras o buscando a Chunchito, que se escondía detrás de algún arbusto.

   Un día llegaron a un pueblo hermoso donde el Inca se detuvo para tomar los baños medicinales, cuya agua caliente brotaba a borbotones y esta se mezclaba con el agua fría del río que la hacía muy reconfortante para él, que viajaba mucho.

   El cuy Chunchito y la Llama Chonita se bañaban en un lugar cercano de los baños y se sentían tan a gusto de tener tantas comodidades. El cuy Chunchito le decía a su amiga la Llama Chonita:
Allillanchu! – que en el lenguaje de los incas significaba un saludo de alegría – Cómo estás? – y Chonita le respondió:
– Me siento esplendida somos las mejores criaturas de nuestro gran imperio, muchas compañeras entre ellas alpacas, llamas y hasta vicuñas me envidian.

El cuy Chunchito añadió: Sí envidia, me tienen envidia, somos los mejores animales del mundo.

   Chonita le dijo de manera orgullosa: somos más que eso, no hay nadie quien pueda superarnos porque somos las mascotas predilectas del hijo del Sol. Y es que en ese gran Imperio eran muy creyentes que el Gran Inca era una divinidad y procedía del Gran Inti.

   Un día Chunchito, observó que traían a un sirviente de la realeza que tenía una fiebre alta y el Gran Inca lo enviaba al chamán del pueblo para que lo cure. Y Chunchito se preguntaba:
– Porque no podrá curarlo nuestro gran Inca, si él tiene poderes.

Chonita, que escucho al Cuy le dijo: 
–Calla malagradecido, no sabes que nuestro Gran Inca no se rebajaría de nivel por un simple sirviente. Y el cuy le respondía dudando:
–Si Chonita, pero me parece extraño que no ayude a su sirviente, él lo haría más rápido que el chamán del pueblo.
–Ya deja de hablar tonterías y come tu alfalfa. Decía la llama Chonita.

   En la tarde de ese día, algo alarmaba a todos los sirvientes del Inca, era la guardia del Inca que venía a verlo y parecían traerle noticias urgentes de que alguien se acercaba; y es que hace unos meses atrás, había recibido noticias de la llegada de unos forasteros de tierras lejanas a su gran imperio y que tal vez eran mensajeros del Gran Sol su padre.

– Forasteros! –decía Chonita y añadió– tal vez traigan buenas noticias para mi gran Señor.
– De repente traen bastante comida deliciosa– Decía Chunchito saltando.

   Pasada unas horas; primero Chunchito y después Chonita percibieron una vibración en el suelo, parecía como algo a lo lejos se acercaba con pasos rápidos y comenzaron a temer porque imaginaban que era algo grande y amenazante. Luego en el horizonte comenzaron a divisar una especie de sombra que se acercaba a gran velocidad, era una especie de animal grande con cuatro patas largas, una cola que parecía cabello largo de color negro, que con el viento parecía que la acariciaba haciendo que se moviera mágicamente y su pelaje negro brillaba. También tenía pegado en su lomo una especie de armadura viviente que reflejaba los rayos del sol y llevaba un palo, con una especie de tejido ligero que ondeaba con el viento (el estandarte).

La Llama Chonita y el cuy Chunchito se asustaron mucho.
– Qué será aquello?, tal vez es un ser divino que viene de parte del Sol Padre– decía Chonita.

   Luego este ser divino y extraño para ellos, hizo una especie de baile levantando sus patas y caminando en círculos y con su cabeza parecía moverse por dos cuerdas tanto a la derecha como a la izquierda. Luego este se detuvo y otro ser se despegó bajando de él y dirigiéndose al jefe militar del Inca. Los sirvientes observaron aquel espectáculo y se quedaron asombrados y atónitos, de los cuales algunos de ellos huyeron de aquel lugar.

   Mientras este ser extraño metálico conversaba con el jefe militar, la llama Chonita tomo valentía y se acercó hacia aquel ser de cuatro patas y le dijo:
– El Inti te bendiga, ¿Quién eres?. Y el ser de cuatro patas le dijo:
– Oh, nunca he visto algo como tú, soy un caballo, me llamo Rocinante y tú quién eres?– Relinchaba el caballo.
– Soy la llama Chonita y mi amigo que vez asustado ahí, es el cuy Chunchito. Decía de manera temerosa Chonita.
– Qué simpáticos sois – Dijo el caballo.

El cuy chunchito se acercó tímidamente y le dijo:
–Vienes de parte del Padre Inti.
–¿Del padre Inti?, te refieres de Dios– preguntó el caballo.
–Si del creador de todo y padre de nuestro Inca. Dijo el cuy.
–No, venimos de lejanas tierras que están más allá de los mares, donde la posición de las estrellas son distintas a las que tienen aquí.
–Oh!, entonces no son seres divinos como nosotros. Dijo Chonita.
–¿Seres divinos? – Dijo el caballo y añadió– solo Dios, el creador de todo es divino, todos somos creaturas de él. 
–Envidioso, no sabes que somos los predilectos del Hijo del Sol–dijo Chonita. Y el cuy Chunchito agregaba: 
–No estás a nuestro nivel, eres un pobre animal.
–Me temo que estáis equivocados, lamento por su Inca y su civilización porque van a ser conquistados, mis amos vienen con afán de tesoros para abastecer a nuestro reino– dijo el caballo. 
Y es que el caballo Rocinante estaba preocupado por ellos, porque en el fondo les tenia simpatía.
– Ja ja ja ja, tú y cuantos más, no sabes que nuestro Imperio es el más poderoso del orbe, nuestro gran inca con toda su guardia los destruirá– decía Chonita. Mientras el Cuy chunchito saltaba desafiante enseñándole sus pequeños dientes afilados.

– Cuando regresemos tengan cuidado, busquen un lugar donde guarecerse– dijo el caballo. Mientras el Forastero metálico se subió en ese momento en la cabalgadura del caballo y comenzó a galopar rápidamente saliendo de aquel lugar.

– Si cobarde, huye. Decía el cuy Chunchito. Y añadió:
– Ya vez Chonita como lo he espantado, que lo que le sobra de porte le falta de valentía.

   Chonita no prestaba atención de lo que le decía su amigo el cuy, más bien le preocupaba lo dicho por el caballo –¿Cómo le avisaremos al Inca?– se preguntaba a sí misma y continuaba pensando: "Es verdad que el Inca no nos entiende cuando le hablamos, si fuese hijo del Sol nos podría entender, haré el intento". 

Chonita se fue a ver al Inca, mientras el cuy Chunchito la seguía sin entenderla. 

   El Inca miraba el Sol en el horizonte como si estuviera hablando con su Padre y Chonita se acerco y le dijo:
–Su alteza tenga cuidado, esos forasteros tienen malas intenciones contra nuestro imperio.

   Pero inútilmente el Inca no le entendía, pensaba que la llama quería jugar con él y le dio una palmada para que se vaya porque no tenía intención de jugar. 

El cuy Chunchito le decía a Chonita:
– Ya vez Chonita, el Inca no entiende lo que decimos y es que parece que nuestro gran Inca es un simple mortal como todos.
–Sí, mejor vamos a las praderas altas a comer por unos días, ahí jugaremos, descansaremos y pensaremos en algo.

   En la pradera verde, Chunchito correteaba con Chonita haciendo carreras, y Chunchito le gustaba que la Llama lo cargara en su lomo. Luego comían y después dormían en aquel lugar cansados de tanto jugar. Así estuvieron cuatro días en la pradera alta y decidieron bajar a ver a su gran Inca.

   Llegando al pueblo vieron gran cantidad de soldados del imperio en las faldas de los cerros y una ceremonia en la plaza central del inca que era llevado en andas. 

   También observaron varios forasteros con sus caballos en aquel lugar, eran bastantes. Parecía un recibimiento pero estaban preocupados y observaron a Rocinante que los miró y les dijo con un relincho: 
–Huyan amigos esto se pondrá terrible!

   Cuando en ese momento vieron a su Inca que era apresado por los forasteros y con sus caballos de la conquista espantaban a todos los servidores del inca. Era terrible lo que pasaba y Chonita como Chunchito corrieron a un lugar seguro cerca a los aposentos de la realeza. Pedían a su Dios Inti por su Inca que no le pase nada.

   Luego que paso toda la confusión, vieron que su Inca era conducido por un forastero de apariencia mayor con barba larga en su rostro y que no permitía que nadie tocara al Inca, el cual los otros forasteros le tenían respeto por su jerarquía y este llevaba al inca a los aposentos reales montando una guardia en aquel lugar.

Chonita le decía a Chunchito muy preocupada:
–Parece que guardan respeto por nuestro Inca, pero temo por su vida.
El cuy Chunchito le dijo de manera furibunda:
–No entiendo en realidad las intenciones de estos forasteros, buscare a ese caballo Rocinante para que me explique que se proponen.

   Y el cuy caminaba sigilosamente por las calles y evitaba ser observado, cuando llegando cerca de la plaza vio varios caballos que lo miraban y algunos de ellos se espantaban, querían pisarlo. Rocinante escucho y les dijo a sus compañeros, cálmense es mi amigo Chunchito. 

   Chunchito le agradeció pensaba que moriría aplastado por aquellos animalotes de cuatro patas como el los llamaba.
Y Chunchito de manera calmada le dijo a Rocinante:
–Tenías razón, nos advertiste! Me preocupa nuestro Imperio, que le va a pasar a nuestro Inca, que buscan los conquistadores.
El caballo Rocinante le contesto:
–Lamentablemente no quedará mucho de tu imperio. Nosotros servimos a nuestros amos y los hemos acompañado en varios lugares; como te dije venimos de lejanas tierras y han conquistado estas nuevas tierras estableciéndose ya en varios lugares del norte de aquí.
Y Chunchito le decía: 
–Pero que buscan tus amos, que intenciones tienen?
–Buscan riquezas, tesoros, todo lo que sea metal brillante es muy valioso para ellos– dijo el caballo de manera sentida.
–Bueno nuestro Inca tiene bastante de los que buscan, pero si él les da, con eso será suficiente para que se vayan. Decía el cuy Chunchito esperanzado en la respuesta.
–No mi amigo, más que ello buscan establecer un nuevo territorio, un nuevo poder, muchos vendrán y aquí crecerán con tu pueblo y me temo que tu imperio cambiara bastante.

   El cuy Chunchito se fue triste donde su amiga Chonita y le conto todo de lo que le dijo el caballo Rocinante, y se resignaron de los designios y males que vendría a su gran imperio.

   Unos meses después todo comenzaba a verse distinto, los forasteros construían casas muy distintas a las que ellos conocían. Los forasteros se convirtieron en los conquistadores del Imperio y estos les llamaba la atención la Llama Chonita, los cuales apostaban para montar en ella, pero ella los escupía, y era la risa de todos ellos al ver al infortunado que le caí aquel escupitajo tan fuerte y directo. 

   Y el caballo Rocinante enojado, se puso delante de ella para que no la molesten. En eso el conquistador mayor con barbas y que solo podia tocar al Inca, pasaba por ahí y les dijo:
–Tontos, por lo menos el caballo Rocinante es más inteligente que ustedes, la pobre Llama no está hecha para montar. Déjenla en paz!

   Chonita y Chunchito se asombraron de la actitud valiente del caballo defendiéndola, lo que hizo que creyeran más en Rocinante y a partir de ese incidente se volvieron muy amigos.

Chonita le decía a Rocinante:
–Tus amos se parecen a los nuestros, en el fondo de ellos son muy parecidos.
–No todos, algunos son buenos otros malos, al final todos somos hijos de Dios, y nuestra misión es servirlos. Relinchaba Rocinante.

Y Chonita añadió:
–Bueno no me gusta esa idea, pero siento que es así, porque yo ofrezco mi lana y les sirve mucho a mis amos; y ni que decir de Chunchito que mejor no menciono en que manera les puedes servir. Decía riéndose Chonita.
–Oh no!, no quiero perder mi pelaje decía Chunchito temblando.
Y tanto Chonita como Rocinante se reían de la manera graciosa como temblaba Chunchito.

   Pasado unos meses, la amistad entre el cuy, la Llama y el Caballo se profundizó; conociendo sus culturas, sus semejanzas, sus diferencias; y de vez en cuando jugaban a las carreras donde el caballo Rocinante siempre les ganaba; pero después permitía que sus nuevos amigos le ganaran y sobre todo al Cuy Chunchito, que disfrutaba su victoria de manera eufórica y graciosa.

   Cuando Chonita, Chunchito y Rocinante estaban caminando cerca de los aposentos del Inca, tanto Chonita y Chunchito vieron a su Inca y corrieron a verlo. El Inca los miro tiernamente, tenía una mirada profunda y un poco nostálgica, miraba el atardecer y los acariciaba diciéndoles: 
–Mi Chonita, mi Chunchito, cuantas alegrías me han dado. Ahora tengo que partir. Mi vida se apaga, son lo último alegre de mi Imperio, pero ahora sé que soy más que el hijo del Sol. Y es que ahora entiendo que todos somos hermanos e hijos de Dios de todo lo creado. Mi misión no era vanagloriarme de tener un Imperio sino de ser el último servidor de mi pueblo. Pongo el destino de mi Imperio en las manos del Dios que siempre estuvo conmigo y fui ciego en no verlo.

   Y diciendo esto el Inca se despidió de ellos con una caricia tierna. Tanto a Chunchito como a Chonita le salían lágrimas de sus ojitos. El caballo Rocinante se acercó a ellos y puso su lomo para consolarlos y les dijo:
–En verdad su Inca parte de este mundo con un gran título; de ser el hijo del Sol a hijo del Dios que vive en todos nosotros.

Chonita y Chunchito dijeron al unísono al caballo Rocinante:
–Ahora también sabemos nuestra misión, que además de servir, debemos rescatar lo mejor de nuestras culturas para el bien de todos; a pesar de nuestras diferencias debemos crear nuevas tradiciones que nos una y nos ayude a convivir en paz y respeto.

   De esta manera, a partir de ese día; el Cuy Chunchito, la Llama Chonita y el Caballo Rocinante forjaron una gran amistad, enseñando los buenos valores de ambas culturas y viviendo muy felices en las tierras de las montañas altas del cielo azul de la paz.

***FIN***

Elaborado el lunes, 28 de enero de 2013
Escuchar audio
lapm (21/01/2013 – 29/01/2013)
 

1 comentario:

  1. Cuando el Inca viajaba con su corte real, este los llevaba consigo a cada pueblo que visitaba, y siempre se distraía en sus ratos libres jugando con Chunchito y Chonita, https://spanotes.org/biografia-de-paolo-guerrero/

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